Josefina Plá: la Musa de Lobos

Josefina Pla de Isla de Lobos

Una de las figuras culturales más internacionales nacidas en Isla de Lobos no fue navegante ni pescadora, aunque su historia comenzó precisamente junto al mar y a la luz de un faro.

Josefina Plá Guerra Galvany nació el 9 de noviembre de 1903 en Isla de Lobos, Fuerteventura. Escritora, poeta, dramaturga, periodista, ensayista, ceramista y artista plástica, desarrolló la mayor parte de su trayectoria en Paraguay, país en el que se convirtió en una de las figuras fundamentales de la cultura del siglo XX.

Su vida transcurrió entre dos orillas muy alejadas entre sí: la pequeña isla volcánica donde nació y Paraguay, donde construyó una extensa carrera literaria y artística. Entre ambas quedó siempre el mar, convertido también en memoria, ausencia y referencia dentro de su universo creativo.

Josefina Plá: vida, obra y legado

Isla de Lobos, el comienzo de una vida entre dos continentes

Josefina Plá nació en Lobos porque su padre, Leopoldo Plá Botella, ejercía como torrero de faros. Su familia había llegado hasta Canarias debido precisamente a una profesión que obligaba a desplazarse siguiendo los destinos asignados a los responsables de las señales marítimas.

El Faro de Martiño y el paisaje de Isla de Lobos forman así parte del primer escenario de su vida. Josefina pasó sus primeros años entre las islas antes de que la familia continuara su recorrido por diferentes lugares de la Península.

Su estancia en Canarias fue breve, pero la distancia no borró aquel origen. Con los años, Lobos reaparecería transformada por la memoria. La propia escritora llegó a referirse a su isla natal como una “verruga en el mar de la epopeya”, una imagen muy alejada de la descripción turística y mucho más cercana a la relación íntima que mantuvo con aquel territorio remoto.

El océano, la insularidad y la nostalgia del paisaje perdido pueden rastrearse posteriormente en su poesía. Lobos no fue solamente el lugar donde nació: se convirtió en una parte de la memoria desde la que construyó su identidad.

La presencia de fareros, pescadores y familias como la suya forma parte de un periodo poco conocido del islote. Puedes conocer mejor ese contexto en nuestro artículo sobre la historia y vida en la Isla de Lobos.

Una infancia marcada por los libros

El trabajo de su padre llevó a la familia a residir posteriormente en distintos puntos de España. Josefina creció así entre diferentes paisajes y ciudades, pero también en un ambiente familiar en el que la lectura tenía un peso importante.

Su padre era un lector constante y Josefina comenzó a escribir siendo todavía una niña. Sus primeros poemas aparecieron publicados cuando tenía alrededor de catorce años, anticipando una trayectoria literaria que acabaría extendiéndose durante gran parte del siglo XX.

Poesía, narrativa, teatro, ensayo, crítica, investigación histórica y periodismo terminarían formando parte de una producción difícil de encerrar en una única disciplina. La literatura sería una de sus grandes vías de expresión, pero no la única.

De España a Paraguay

Durante su juventud conoció al artista paraguayo Andrés Campos Cervera, conocido como Julián de la Herrería, pintor y ceramista que se encontraba en España profundizando en las técnicas de la cerámica.

La pareja se casó y en 1927 Josefina viajó a Paraguay. A partir de aquel momento, el país sudamericano se convertiría en el centro de su vida personal y profesional.

Su llegada coincidió con el inicio de una actividad cultural especialmente intensa. Plá colaboró con periódicos y revistas, escribió teatro, desarrolló su obra poética y participó activamente en los movimientos que buscaban renovar las artes y las letras paraguayas.

En 1934 publicó El precio de los sueños, su primer poemario, una obra temprana dentro de una producción literaria que continuaría creciendo durante décadas.

Mucho más que escritora: Josefina Plá y la cerámica

La faceta literaria de Josefina Plá ha ocupado tradicionalmente buena parte de su biografía, pero su trabajo en las artes plásticas y, especialmente, en la cerámica resulta fundamental para comprenderla.

Su relación con este arte comenzó junto a Julián de la Herrería. Ambos compartieron investigaciones, técnicas y referencias culturales, creando un vínculo artístico que fue mucho más allá de la relación matrimonial.

Las investigaciones más recientes han permitido reconocer con mayor claridad la participación de Plá en ese trabajo conjunto. No fue únicamente la compañera del ceramista: intervino en la concepción temática de distintas obras y aportó conocimientos sobre imágenes, mitos y culturas precolombinas que posteriormente aparecieron representados en las piezas.

Una nueva mirada desde la exposición DONA(N)

Esta dimensión de su trayectoria volvió a cobrar protagonismo en 2025 con la exposición “DONA(N). El papel de las mujeres en las colecciones del museo”, organizada por el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”.

La muestra recuperó la figura de Josefina Plá no solo como artista, sino también como una mujer fundamental para la conservación y transmisión del legado artístico de Julián de la Herrería.

Tras la muerte de su marido en 1937, Plá trabajó durante años para trasladar a Paraguay parte de su producción cerámica y conservarla. Finalmente, en 1956 consiguió organizar el envío de las obras y donó al Museo Nacional de Cerámica varias piezas de Campos Cervera.

La exposición mostró tres de esas obras junto a una cuarta pieza vinculada directamente a la propia trayectoria de Josefina como ceramista. Esta última permite observar una faceta que durante mucho tiempo quedó eclipsada por su enorme producción literaria.

Entre 1956 y 1957, además, Josefina volvió a Manises para continuar profundizando en el estudio de la cerámica junto al artista paraguayo José Laterza Parodi, con quien había participado en la creación del grupo Arte Nuevo.

Una figura clave de la cultura paraguaya

Con el paso de las décadas, Josefina Plá se convirtió en una de las grandes impulsoras de la renovación cultural de Paraguay. Su actividad atravesó prácticamente todas las disciplinas en las que participó.

En literatura cultivó la poesía, el relato, el teatro y el ensayo. Como investigadora estudió la historia cultural paraguaya. Como periodista escribió para numerosas publicaciones y, dentro de las artes plásticas, participó en movimientos que contribuyeron a modernizar el panorama artístico del país.

También desarrolló una intensa labor docente y cultural, participando en iniciativas como el grupo Arte Nuevo y contribuyendo a la formación de generaciones posteriores de artistas y escritores.

Una parte importante de su producción abordó además la realidad social paraguaya y, especialmente, la situación de las mujeres. Por este motivo, hoy está considerada también una de las figuras precursoras del feminismo en Paraguay.

La poesía de Josefina Plá

La poesía ocupa un lugar central dentro de su obra. Después de El precio de los sueños, publicado en 1934, llegarían numerosos poemarios y recopilaciones como La raíz y la aurora, Rostros en el agua, Invención de la muerte, El polvo enamorado, Desnudo día, Follaje del tiempo o La llama y la arena.

Su escritura fue evolucionando con el paso de los años, pero mantuvo una fuerte dimensión íntima y reflexiva. La memoria, el paso del tiempo, la pérdida, la identidad y la condición humana aparecen de manera recurrente.

Dentro de ese universo también permanece el mar. La distancia respecto a Canarias convirtió el paisaje insular en un territorio reconstruido desde los recuerdos, una presencia que adquiere especial fuerza precisamente porque Josefina nunca desarrolló su vida adulta en la tierra donde había nacido.

Reconocimientos a una trayectoria excepcional

La influencia de Josefina Plá fue reconocida dentro y fuera de Paraguay. Fue miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y de la Academia Paraguaya de la Historia y recibió numerosas distinciones a lo largo de su trayectoria.

Entre ellas se encuentran la Medalla del Bicentenario de los Estados Unidos en 1976, su nombramiento como Dama de la Orden de Isabel la Católica en 1977, el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Asunción en 1981, el Premio Mottart de Literatura de la Academia Francesa en 1987 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de España en 1995.

Su importancia no desapareció con su muerte. La recuperación y estudio de su obra continúa ampliándose, tanto en Paraguay como en España y Canarias.

De Lobos al corazón de América

Josefina Plá falleció en Asunción el 11 de enero de 1999, después de haber desarrollado durante décadas una de las trayectorias culturales más singulares entre España y Paraguay.

Su relación con Fuerteventura resulta especialmente llamativa precisamente por la distancia. Vivió allí solo durante sus primeros años, pero aquel paisaje quedó incorporado a su memoria y terminó formando parte de la lectura posterior de su obra.

Fuerteventura también ha recuperado progresivamente su figura. El Cabildo ha publicado y difundido parte de su producción literaria, diferentes espacios culturales llevan hoy su nombre y en Isla de Lobos su recuerdo sigue vinculado al lugar en el que comenzó su historia.

En 2026, su obra volvió a adquirir protagonismo en Canarias con su incorporación a la Biblioteca Básica Canaria, mediante un volumen que reúne una selección de sus cuentos acompañada de un estudio crítico. Es otra muestra de cómo su legado sigue siendo revisado y recuperado décadas después de su fallecimiento.

La Musa de Lobos

Resulta difícil resumir a Josefina Plá únicamente como poeta, escritora o artista. Su trayectoria cruzó países, disciplinas y movimientos culturales muy diferentes, desde la literatura y el periodismo hasta el teatro, la investigación y la cerámica.

Pero al principio de esa historia siempre aparece el mismo lugar: una pequeña isla volcánica frente a Fuerteventura, el oficio de un padre farero y un paisaje rodeado por el Atlántico.

Josefina Plá hizo de Paraguay su hogar y uno de los grandes territorios de su obra, pero nunca dejó de existir ese primer vínculo con Lobos. Más de un siglo después de su nacimiento, su figura sigue uniendo dos orillas: la isla donde comenzó su vida y el país donde construyó buena parte de su legado cultural.

Compartir